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Guía · 4 min de lectura

Cómo preparar un proyecto de software a medida antes de pedir presupuesto

Lo que conviene tener claro antes de pedir presupuesto para un software a medida: el problema, quién lo va a usar, qué hay hoy y qué preguntar a quien lo haga.

Por Naisa ·

Pedir presupuesto para un software a medida sin prepararlo es como pedir presupuesto para una reforma diciendo «quiero la casa mejor». Te darán cifras muy distintas, y ninguna te servirá para comparar.

No hace falta saber de programación para prepararlo bien. Hace falta tener claro el problema, quién lo sufre y qué hay hoy. Esta guía te dice qué pensar antes de la primera reunión y qué preguntar en ella.

1. Empieza por el problema, no por la solución

El error más común es llegar con la solución ya pensada: «quiero una app». Una app es una forma de resolver algo. Lo que importa es qué.

Escribe en dos o tres frases qué está pasando hoy que no debería pasar. Por ejemplo:

  • «Los pedidos llegan por WhatsApp y cada mañana una persona pasa dos horas tecleándolos.»
  • «Los repartidores llaman a la oficina para preguntar precios porque no los tienen en la PDA.»
  • «Las reservas entran por teléfono, por la web y por correo, y alguna se pierde.»

Con eso, quien te haga el presupuesto puede proponerte la mejor forma de resolverlo. A veces será una app; a veces, conectar dos programas que ya tienes.

2. Haz la lista de quién lo va a usar

Un sistema lo usan personas distintas, y cada una necesita cosas distintas. Apunta cada tipo de usuario y qué tiene que poder hacer:

  • En la oficina: ver los pedidos del día, sacar albaranes, cuadrar la caja.
  • En la calle: repartidores, comerciales o técnicos que trabajan con el móvil, a veces sin cobertura.
  • Tus clientes: hacer un pedido, reservar, pagar o consultar su estado.
  • Tú: saber cómo va el negocio sin pedirle un informe a nadie.

Para cada uno, piensa en qué aparato lo usará: ordenador, móvil, tablet o PDA. Cambia mucho el trabajo.

3. Cuenta lo que hay hoy

Haz una lista de todo lo que usáis para trabajar, aunque te parezca poco importante:

  • los programas, y cuánto pagáis por cada uno;
  • las hojas de Excel que se rellenan a mano;
  • los grupos de WhatsApp donde entra trabajo;
  • los papeles que todavía circulan.

Para cada programa, apunta qué hace bien y qué no. Lo que funciona puede quedarse; lo nuevo puede construirse alrededor y conectarse a ello. No hace falta tirarlo todo.

Si podéis, guardad capturas de las pantallas que más usa el equipo. Un sistema que se parece a lo que ya conocen se adopta mucho mejor que uno que les obliga a aprender de cero.

4. Separa lo imprescindible de lo deseable

Escribe todo lo que te gustaría que hiciera el sistema. Luego divide la lista en dos:

  • Imprescindible: sin esto no merece la pena. Suele ser lo que resuelve el problema del punto 1.
  • Deseable: estaría bien, pero puede esperar.

Esta división es lo que permite empezar por algo pequeño que funcione pronto, en lugar de esperar meses a tenerlo todo. Lo deseable entra después, cuando ya habéis usado lo primero y sabéis mejor qué necesitáis.

5. Piensa cómo se va a cambiar

Un sistema nuevo no se enciende un lunes y se apaga el viejo. Lo sensato es que convivan un tiempo, y que lo nuevo vaya ocupando su sitio por partes.

Pregúntate:

  • ¿Qué parte podríamos probar primero sin arriesgar el trabajo diario?
  • ¿Qué datos hay que traer del sistema actual: clientes, productos, precios, históricos?
  • ¿Quién del equipo va a probarlo primero y contarnos qué falla?

En Akra Frío, el sistema nuevo convive con el anterior y se va poniendo en marcha ruta a ruta.

6. Ten a mano unos datos básicos

No hacen falta cifras exactas, pero ayuda tener una idea de:

  • cuántas personas usarán el sistema;
  • cuántos pedidos, reservas o clientes movéis a la semana;
  • qué temporadas o días tienen picos de trabajo;
  • si hay datos especialmente delicados, como datos de salud o de pago.

Con esto se puede dimensionar el sistema sin quedarse corto ni pasarse.

Qué preguntar a quien te haga el presupuesto

Un buen presupuesto no es solo una cifra. Pregunta:

  • ¿De quién es el código y dónde se aloja? Tiene que quedar por escrito qué pasa si dejáis de trabajar juntos.
  • ¿Cómo se hace por partes? Pide que te digan qué harían primero, qué después y cuánto cuesta cada parte.
  • ¿Cuándo veré algo funcionando? Lo razonable es ver avances pronto y poder corregir sobre la marcha, no esperar al final.
  • ¿Qué pasa después de la entrega? Mantenimiento, mejoras, quién arregla un fallo un sábado.
  • ¿Qué tengo que pagar aparte? Servidores, dominios o servicios externos, aunque sean pocos euros al mes.
  • ¿Tenéis algún proyecto parecido funcionando? Mejor si puedes verlo o hablar con quien lo usa.

Desconfía de quien te da un precio cerrado sin haber entendido cómo trabajáis, y de quien no te deja ver nada hasta el final.

Un resumen para llevar a la reunión

Si solo tienes diez minutos, prepara esto en una hoja:

  1. El problema, en dos o tres frases.
  2. Quién lo va a usar y desde qué aparato.
  3. Qué programas y hojas usáis hoy.
  4. Lo imprescindible y lo deseable.
  5. Qué parte probarías primero.

Con esa hoja, la primera conversación va al grano y el presupuesto que recibas se podrá comparar con otros.

Por dónde seguir

Si todavía dudas de si necesitas algo a medida, lee cómo decidir entre software a medida y estándar. Si lo que buscas es una web con reservas o pagos, mira la página de webs y el proyecto de OneVan. Y cuando tengas tu hoja, cuéntanosla: te decimos qué haríamos y en qué orden.

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Cuéntanos cómo trabajáis y qué os quita tiempo. Te decimos qué haríamos, en qué orden y cuánto cuesta.

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